dijous 10 de desembre de 2009

Western

En estos últimos tiempos que he puesto en orden mis películas de DVD me he dado cuenta que tengo unos cuantos westerns. Supongo que es herencia de mi padre el gusto por estas películas. Si alguna vez habéis seguido este tipo de pelis todos hemos tenido un pistolero o un vaquero (que no es lo mismo) favorito. Bueno, el mío es Doc Holliday, un pistolero tuberculoso, amigo de Wyatt Earp, y que es interpretado magistralmente por Val Kilmer en la película "Tombstone" (mi favorita y que no se encuentra en DVD brrr).

dilluns 7 de desembre de 2009

Gracias por todo

El sábado fue mi cumpleaños y la verdad es que las muestras de cariño fueron muchísimas desde el mismo viernes por la noche hasta ayer domingo. Muchas gracias a todos por hacer de este fin de semana una alegría detrás de otra, pero muy especialmente a una personilla que aún no ha nacido que el sábado me regaló un ramo de margaritas blancas con un mensaje. Si sois lectores de este blog sabréis el significado que para mi tienen las margaritas blancas

Hoy, como muchos tendréis fiesta os dejo unas canciones de todo tipo, que por un motivo o por otro me encantan. Como véis, toco todos los géneros.















dimecres 2 de desembre de 2009

Música

Hoy necesito música en mis venas. Pero música relajante, de banda sonora.

Cambios

Últimamente mi vida está llena de cambios. Mis pensamientos cambian y evolucionan día a día hacia un camino que no se donde me llevará, cosas que tenía guardadas y que hace años hubiera rabiado a quien me las tocara las estoy eliminando, recupero actividades que hacía 20 años que no hacía, y vivo nuevas experiencias que siempre he querido vivir y que ahora, en la medida que puedo, intento ponerlas en marcha.

¿la última? siempre ha habido un deporte que me hubiera gustado practicar (aparte de la bici que he recuperado) porque creo que a mi me ayudaría a desconectar y a sacar esa mala leche que no se porqué muchas veces tengo tendencia a acumular (debe ser fisiológico). Y ese deporte es el tenis. Sí sí, el tenis. En mi vida había jugado tres veces y ahora no hay semana que no juegue. Hoy por ejemplo, he quedado para jugar. Me encanta la sensación de jugar por la tarde o noche, con los focos, al aire libre, el sonido de la raqueta cuando golpea la pelota... ¡qué desconexión! y me va genial para desentumecer articulaciones que, por mi trabajo sedentario, muchas veces me hacen tener una sensación permanente de cansancio.

En fin, cambios, cambios y cambios. Por no hablar del síndrome del nido, del que hablaré otro día, ante la llegada de quien tiene que llegar :) Eso sí, no me olvido de los botones. Lo digo porque tengo partidos atrasados pero es que todos mis rivales se ponen enfermos (en sentido literal) cuando han de jugar conmigo así que la semana que viene tendré 3 partidos.

dijous 26 de novembre de 2009

Este blog apoya esta editorial

EDITORIAL PUBLICADA HOY EN LOS 12 DIARIOS DE CATALUÑA MÁS IMPORTANTES

Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, el rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: «Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratifi cado en referendo y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica». Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el alto tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores. La expectación es alta.
La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta Cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los 12 magistrados que componen el tribunal, solo 10 podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido. De los 10 jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el «corazón de la democracia». Un corazón con las válvulas obturadas, ya que solo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo–, no haremos mayor alusión a las causas del retraso de la sentencia.

Avance o retroceso
La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de símbolos nacionales (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.
No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de la misma. No solo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador. El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras).

Los pactos obligan
El alto tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años 70 transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado-nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posibles los 30 años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.
Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que, en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.
Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta, sino solo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referendo.

Solidaridad catalana
Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.

dilluns 23 de novembre de 2009

¿Somos autocomplacientes?

En el trabajo me acaba de llegar un correo para hacer un curso de como mejorar la gestión del pensamiento. Y pensando en ello y observando la opinión de diversos especialistas en el tema hay un común denominador que sale en todos ellos y creo que es muy correcto aplicarlo a la realidad. El concepto es la autocomplacencia.
La autocomplacencia, por definirla rápidamente, es la satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser.

La autocomplacencia surge por muchos y variados motivos pero la realidad última nos lleva a dos caminos: el primero puede ser el no reconocer nuestros propios errores aun cuando son muy visibles y el segundo a desarrollar una manera de hacer que es el no plantar cara a los problemas de manera adecuada o bien por pereza, o por miedo, o porque pensamos que eso ya se solucionará por arte de magia. Estos dos caminos no son incompatibles y quizás uno es consecuencia de otro, no lo sé, no tengo suficiente visión del tema.

Pero si que es probable que si en los momentos en los que tenemos que pensar que camino nos llevará a solucionar un determinado problema nos conseguimos quitar de encima la autocomplacencia, y conseguimos afrontar el pensamiento en su justa medida, sin autocomplacencia y sin inseguridad, es probable que la solución tenga más probabilidades de éxito.

Por lo tanto, ante la pregunta que me autohecho al principio del blog, creo que la respuesta es sí, y que eso es malo. Como todo en la vida, creo que el equilibrio es necesario, porque en el otro extremo está la inseguridad que incluso creo que es peor consejera que la misma autocomplacencia.

divendres 20 de novembre de 2009

El ojo del tigre

Últimamente no estoy nada fino. Me cuesta mucho concentrarme en cualquier cosa que haga y no consigo rendir en absoluto. Eso se le llama fundamentalmente agotamiento mental. Estoy agotado mentalmente. Soy incapaz de pensar más de dos minutos seguidos en algo sin que me duela la cabeza. Y ello me repercute en un agotamiento físico también. Pero tengo que cambiar el chip porque sino entraré en una depresión y no quiero. Tengo que hacer un reset y volver a empezar.

Para la gente que es monotema, que la hay y mucha y como veis me molesta, no tiene nada que ver con el nacimiento de mi niña que me motiva extraordinariamente. Es sencillamente que todo lo que toco y hago lo toco y hago mal, así que a ver si este finde me empiezo a poner las pilas y a canviar la dinámica. Hoy me iré a correr. El ejercicio aclara la mente. Me pondré los cascos y escucharé esta canción.